lunes, 13 de marzo de 2017

Los Súper Robots del cómic Mexicano. Parte 2 de 3: Karmatron y los Transformables.

Portada de Karmatron #1, de 1986.

En este segundo artículo dedicado a los Súper Robots del cómic Mexicano hablaremos de Karmatrón y los Transformables, obra de Oscar Gonzalez Loyo (idea y dibujo) y del ya fallecido Alfonso Samaniego Diéguez (guión). La revista fue lanzada en 1986 y se mantuvo en los puestos de revistas hasta 1990, cuando editorial CEPSA canceló la publicación debido a que la caída en ventas volvió insostenible su impresión.

Un par de años después de que se terminó el primer ciclo de publicación, el autor presentó una revisión del origen del personaje en formato de novela gráfica en 1992 (aunque ésta es prácticamente imposible de conseguir hoy) y de 2002 a la fecha ha publicado un remake de la historia original, aunque su aparición ha sido bastante irregular con un promedio de uno o dos números por año.

Esta revista fue notable por un aspecto que en lo personal siempre me ha parecido interesante, el cual es cómo Karmatrón se alimentaba exclusivamente de otras franquicias más populares y tomaba diseños, viñetas, secuencias y personajes directamente de fuentes ajenas; algunos ejemplos que podemos mencionar de esto son desde luego la moda de súper robots iniciada por Mazinger Z y continuada por los Transformers, pasando por Battlestar Galáctica, la película Excalibur, los cómics de los X-Men y el Dr Strange, la trilogía original de Star Wars, películas de Jim Henson (así como libros de Jodorowsky) forman parte de las muchas franquicias de las cuales se pueden encontrar elementos directos en Karmatron, lo cual a la larga se convirtió tanto como en la razón por la que es conocido como también en su lastre más pesado.

Portada de la novela gráfica, 1992.

Habiendo ya mencionado algunas de las peculiaridades de la revista, hablemos ahora de la historia contada en sus páginas.

La trama de Karmatrón es aceptablemente simple, y gira alrededor del conflicto entre los planetas Zuyua y Metnal, el cual llega al punto en que por medio de un ataque sorpresa, los habitantes de Zuyua son obligados a abandonar su mundo y a vagar por el espacio escapando del ejercito del planeta Metnal hasta que después de muchas dificultades llegan a la tierra, en donde logran establecerse para enfrentar de manera definitiva a sus enemigos, aunque lograr esto les toma millones de años y una gran cantidad de combates.

Del lado de los héroes tenemos a Zacek, el heredero de la corona del imperio Zuyua y campeón de la luz mientras que del de los villanos está Asura, el representante de las fuerzas de la oscuridad y rey del planeta Metnal. Como es de esperarse, tanto Zacek como Asura cuentan con seguidores que los apoyan en sus objetivos. Entre los personajes heroicos más destacables tenemos a Lys-Ek, una joven mujer que funge como el interés romántico del protagonista y al anciano Shilbalam, quien cumple la función de ser el mentor espiritual de Zacek. En cuanto a los villanos, los más destacados seguidores del antagonista son Garkoz, el científico que se encarga de crear las armas del ejército del planeta Metnal, y Aspier un estratega militar que traicionó a Zacek y a su padre para unirse a Asura.

Algo más a notar es que la mayor defensa de los héroes (al menos en los primeros capítulos) es su ejército de robots transformables que, siguiendo la moda establecida por los Transformers a principios de los ochenta, cuentan con la capacidad de cambiar de vehículos a robots gigantes. Los cuatro principales robots que combaten a favor de los Zuyua son: Titan, que posee la capacidad de transformarse en un poderoso tanque. Unicornio, que es capaz de convertirse en un vehículo de exploración subterránea. Aquarius, que puede transformarse en un submarino y Estelaris, que se convierte en una veloz nave espacial. Los villanos, por su parte, utilizan los llamados “Gladiadores cibernéticos” monstruos mecánicos gigantescos de gran poder destructivo.

Portada de Karmatron #2. Nueva era, 2002.

Un detalle más que es importante mencionar es que el protagonista, Zacek, recibe la capacidad de fusionarse con el Karmatrón, una gigantesca armadura de grandes poderes, (similar al concepto de la serie de anime de los setentas UFO Senshi Dai Apolon). Durante el transcurso de la historia, Zacek recibe tres armaduras las cuales corresponden con su edad—niño, adolescente y adulto joven— y este es un detalle que vale la pena mencionar ya que este tipo de progreso no era muy común en las publicaciones de la época.

Haciendo una evaluación final a la historieta, podemos decir que por lo menos durante el primer año de su publicación (los primeros diez números creo que sí son buenos) fue una lectura hasta eso divertida y que funcionaba razonablemente bien a pesar de la terrible y aburrida presencia de los dos horribles personajes patiño Jiva y Roby, que en lugar de ser un buen apoyo cómico, terminaban siendo total y absolutamente despreciables. El mayor declive de la revista, sin embargo, comenzó cuando la publicación, que ya de por sí tenía mucho de misticismo, detuvo la historia y convirtió este tema en su punto central, llenándose de mensajes esotéricos muy poco relevantes y pobremente manejados e implementados que convirtieron a Karmatron en algo bastante aburrido y poco interesante para leer, lo cual desde luego que afectó negativamente las ventas.

En cuanto al dibujo en Karmatrón, podemos decir que en realidad era hecho al vapor y en la mayoría de los casos carecía de detallado, mientras que sus viñetas y secuencias no eran diseñadas de manera elaborada, vistosa o con buena narrativa visual, pero considerando la periodicidad semanal de la revista podríamos tal vez excusar estos detalle ya que se daba prioridad a la velocidad. Aún así, es una pena que no se contó con una mayor calidad en este aspecto, el cual quizás pudo haberse obtenido en una publicación quincenal, ya que dentro de su estilo personal, me parece que el señor González Loyo debería ser capaz de producir algo mejor de lo que se vio en la publicación semanal.

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Oscar Gonzalez Loyo dibujando a Estelaris.

Como última mención podemos decir que aunque aparezcan números de la llamada “nueva era” de Karmatrón en promedio cada nueve meses, y de que hay un pequeño y dedicado grupo de fans de la revista, la realidad es que el concepto está olvidado prácticamente por completo y es económicamente inviable como un cómic en el mercado actual. 

Dicho esto, el universo de Karmatron tal vez podría tener algún potencial hoy, y quizás como una trilogía de novelas de aventura/ciencia ficción publicadas en formato de libro digital obtendría un alcance mayor e incluso cierto éxito, aunque para ello habría que pulir el concepto y quitarle mucho  de la paja esotérica (o incluso sacarle todo ese contenido) ya que fue uno de los dos factores que dañaron más al cómic durante su publicación.

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