lunes, 12 de septiembre de 2016

Peter Benchley, autor de Tiburón.

Peter Benchley

 “El gran pez se movía silenciosamente a través de las aguas nocturnas, propulsado por los rítmicos
movimientos de su cola en forma de media luna. La boca estaba lo suficientemente abierta como
para permitir que un chorro de agua atravesase las branquias…”
Primeras líneas de Tiburón.

Una de las novelas más importantes de la segunda mitad del siglo XX debido a su influencia sobre la cultura popular es sin duda Jaws, obra conocida en habla hispana como Tiburón. El impacto de este libro, que si bien en la actualidad es menos famoso que la película que inspiró, es innegable ya que es gracias a esta novela que la industria cinematográfica Hollywoodense cambió por completo y entró a la era moderna que conocemos en la actualidad.

Antes de entrar de lleno en el libro, hablemos un poco de su autor, el escritor estadounidense Peter Benchley. Nacido en Nueva York en 1940, Benchley tuvo una vida normal y relativamente tranquila, dedicado a los estudios hasta graduarse de Harvard en 1961. Al salir de la universidad, Benchley se tomó un año sabático que dedicó a viajar por el mundo, siendo estas experiencias la base de su primer libro, publicado en 1964.

De 1964 a 1971, Benchley tuvo varios trabajos entre los que destacan su periodo como reportero para el Washington Post, su trabajo como editor de televisión para Newsweek y como parte del equipo encargado de elaborar los discursos del presidente de Estados Unidos Lyndon B. Johnson hasta que éste terminó su periodo.

A principios de los 70’s, Benchley estaba en la posición en la que ya no tenía muchas opciones para seguir trabajando como escritor, por lo que decidió lanzarse en un último intento de tener éxito literario, proponiéndole a su agente y a las editoriales dos libros; uno de corte histórico sobre piratas y otro, una novela, acerca de un tiburón que aterroriza a una comunidad costera. Fue la idea del tiburón la que llamó la atención del editor Thomas Congdon de la editorial Doubleday, quien se entusiasmó lo suficiente por la idea que le pagó a Benchley un anticipo de $1,000 dólares tan sólo por las primeras cien páginas de la novela.

Benchley había desarrollado la idea que eventualmente se convertiría en Jaws luego de leer un reportaje de un pescador que capturó a un tiburón de dos toneladas en las costas de Long Island en 1964, aunque no hizo nada con ella hasta que no tuvo otra opción varios años después. Una vez que la novela estuvo terminada, Jaws se publicó en 1974 y fue un éxito tremendo de ventas, ya que se mantuvo por 44 semanas consecutivas en la lista de libros más vendidos en Estados Unidos y llamó la atención de los estudios Universal, quienes compraron los derechos para realizar una adaptación cinematográfica, y de hecho, el guión de ésta fue coescrito por Benchley.

Gracias al éxito de ventas del libro, de los derechos de cine y regalías obtenidas por Jaws, Benchley logró acceder a una posición que le permitió concentrarse en su trabajo como escritor, publicando otras ocho novelas (varias también llevadas a la pantalla), seis libros de investigación y participando como guionista en once producciones de cine y televisión.

Algo más a mencionar del autor es su notable fascinación por el mar y los animales que lo habitan, ya que gran parte de la obra de Benchley está relacionada de una u otra manera con el océano; este interés derivó en un marcado trabajo a favor de la conservación del medio ambiente marino e incluso lo llevó a formar parte del Consejo Nacional de Conservación Ambiental de los Estados Unidos, y así mismo a apoyar varias iniciativas para la conservación de los tiburones y su hábitat natural hasta su muerte, causada por fibrosis pulmonar, en el 2006.

El empeño y esfuerzo por apoyar la conservación de los tiburones y el medio ambiente de los océanos fue reconocido con los Peter Benchley Ocean Awards, nombrados en honor del autor.

Portada original.

La publicación de la novela.

Una de las dificultades que enfrentó Benchley al escribir la novela fue su limitado conocimiento sobre el animal protagonista, por lo que durante el proceso creativo fue obligado a realizar una exhaustiva investigación de la información que hasta ese momento se tenía sobre los tiburones a fin de poder dar mayor realismo a la historia. Entre las fuentes más notables de Benchley podemos nombrar los libros Blue Meridian: The search for the Great White Shark del naturalista Peter Matthiessen, The Shark: Splendid Savage of the Sea del explorador Jacques Cousteau, Shadows in the Sea: The Sharks, Skates and Rays del historiador Thomas B. Allen y el libro About Sharks And Shark Attacks  del investigador David H. Davies.

El manuscrito inicial entregado por Benchley, por el cual ya había recibido el mencionado anticipo de $1,000 dólares fue rechazado casi en su totalidad por su editor, quien sólo aceptó las primeras cinco páginas y le solicitó a Benchley que siguiera el tono establecido por esa introducción durante toda la novela. Durante el transcurso de un año y medio, Benchley trabajó en el libro haciendo las modificaciones que solicitaba Congdon, quien deseaba sobre todo mantener el suspenso para así no perder el interés del lector hasta que, a principios de 1973, Jaws finalmente estuvo terminada.

La siguiente dificultad que encontró Benchley fue conseguir un título adecuado, y el mismo autor describía sus intentos iniciales entre los que están The stillness in the water, The Jaws of Death y The Jaws of the Leviathan como pretenciosos y melodramáticos; el problema fue tal, que el libro no tuvo un título definido hasta 20 minutos antes de ser enviado a impresión, cuando Benchley y Congdon estuvieron de acuerdo en que la única palabra que les gustaba de los títulos propuestos era “Jaws” por lo que decidieron eliminar todo lo demás y enviar al taller de impresión el texto con ese título minimalista, esperando que al final todo funcionaría bien.

En cuanto a la portada, inicialmente Benchley sugirió una vista del resort turístico Amity desde adentro de las fauces del tiburón, pero el equipo de publicidad de la editorial Doubleday vetó esta idea al considerar que podría tener connotaciones sexuales del tipo vagina dentata, lo que afectaría negativamente las ventas. La siguiente idea, de Congdon, consistía en dejar sólo el título en portada pero, siendo Jaws un término muy vago, también fue desechada. Finalmente, el artista Paul Bacon recibió el encargo de hacer la portada, para lo que dibujó una gigantesca cabeza de tiburón sobre un fondo negro ascendiendo hacia una mujer nadando. Esta ilustración sería la primera portada de la novela. Subsecuentemente, al anunciarse la película, se comisionó una nueva portada para la siguiente edición, por lo que la editorial contrató al artista Roger Kastel para que la elaborara siguiendo el concepto que ya había desarrollado Bacon con anterioridad. El trabajo de Kastel demostró ser popular, al grado que los estudios Universal decidieron usarlo en los pósters promocionales de la película.

Si bien Benchley siempre admitió que no pensó que el libro tendría gran éxito, Tom Congdon, su editor, pensaba que tenía un potencial éxito en las manos, por lo que se las arregló para enviar copias del libro a clubes de lectura y a la revista Selecciones de Reader’s Digest, lo que consiguió que el libro recibiera publicidad que despertó el interés del público con gran éxito, de modo que para cuando la película se estrenó, la novela ya había vendido alrededor de 5 millones de copias y, siendo que el libro continúa reimprimiéndose, ha logrado vender al día de hoy más de 20 millones de copias.

Portada de la segunda edición, 1975

La historia.

Si bien la trama de la novela ya es conocida por prácticamente todo el mundo, es notable mencionar que las diferencias entre la novela y la película son muchas, pero destacan sobre todo las de caracterización y tono, así como también el hecho de que la cinta prescinde de varias tramas secundarias.

Todo comienza cuando un ataque de tiburón sacude a la tranquila comunidad de Amity lo que provoca que el jefe de policía, Martin Brody, decida cerrar las playas mientras el tiburón se aleja del lugar, pero el alcalde, temeroso de represalias por parte de sus socios, convence al comité del ayuntamiento de vetar la decisión de Brody y mantener las playas abiertas con resultados desastrosos.

Cuando el tiburón asesina a otra persona, Brody le pide al editor del diario local, Harry Meadows, que investigue porqué el alcalde tiene tanto interés en mantener abiertas las playas, y al final Meadows descubre que Larry Vaughn, el alcalde, tiene nexos con la mafia. Otra de las cosas que hace Meadows es llamar a un biólogo marino llamado Matt Hooper, ya que es un conocido investigador de tiburones.

La relación entre Hooper y Brody comienza siendo áspera, pues el jefe de la policía considera que perderá autoridad ante Hooper, mientras que el biólogo tiene ciertas tendencias a desafiar al comisario a fin de conseguir su objetivo de acercarse más al tiburón a fin de estudiarlo.  Mientras todo esto sucede, se revela que la esposa de Brody, la joven y atractiva Ellen, extraña bastante la vida acomodada que llevaba antes de casarse, pues sus padres son razonablemente ricos, y el salario de su marido no puede satisfacer algunos de sus deseos de participar en la alta sociedad de Amity como ella quisiera; esta frustración lleva a Ellen a tener una aventura con Hooper en un motel, pues la mujer lo ve como una prueba de que aún es capaz de atraer gente de clase alta y, aunque esto no vuelve a repetirse, la sospecha de la infidelidad provoca que la relación profesional entre Brody y Hooper se degenere con mayor velocidad.

Días más tarde, y siendo que los métodos de Hooper no consiguen mucho, el ayuntamiento se decide por contratar a Quint, un pescador que usa métodos poco ortodoxos (y que es el personaje que menos cambios tiene entre el libro y la película) para que trate de detener al animal. Es en este momento cuando el trío protagonista se embarca en el barco de Quint, el Orca, para buscar al tiburón en una caza que dura varios días, durante los cuales, y a causa de la culpa y angustia que experimenta por su infidelidad, es que Ellen logra reconciliar sus sentimientos por Brody y entender que no debe despreciar la vida tranquila y segura que él puede darle.

Mientras, los enfrentamientos con el tiburón se vuelven cada vez más violentos, hasta llegar al punto en que Hooper decide que la única opción que le queda es descender en una jaula contra tiburones para intentar envenenar al animal, pero lo único que consigue con esto es ser devorado por el escualo, obligando a Quint y a Brody a regresar a puerto.

El último día de pesca Quint usa todos sus recursos y logra herir gravemente al tiburón, pero no sin evitar que su barco reciba grandes daños. Durante su confrontación final con la bestia, Quint es arrastrado bajo el agua al quedar enredado en las cuerdas de los arpones con los que había estado atacando al tiburón, muriendo ahogado y dejando a Brody sólo en el Orca, que está comenzando a hundirse. Es en este momento cuando el tiburón se lanza contra Brody, pero el animal muere a causa de sus heridas a unos pocos metros del policía, hundiéndose en el mar con todo y Quint, dejando a Brody como el único sobreviviente de la terrible aventura.

Leer Tiburón luego de ver la película es particularmente interesante, pues la visión original del autor es muy distinta de lo que puede verse en pantalla. Es notable que la mayoría de los personajes humanos en el libro son poco agradables, siendo Brody el que sale mejor librado ya que en la novela sigue siendo un policía responsable rebasado por las circunstancias, pero Ellen y Hooper terminan siendo bastante desagradables, mientras que Quint desciende lentamente a un estado mental que recuerda mucho al capitán Ahab de Moby Dick al grado que en las últimas páginas su obsesión con el tiburón lo convierte en un facsímil claro del personaje creado por Melville.

Pero a pesar de tener personajes que no son precisamente muy agradables, la novela tiene varios puntos muy fuertes que la convierten en una lectura que vale mucho la pena. La narrativa de Benchley es particularmente sólida, y su descripción de las acciones del tiburón son bastante interesantes. Los ataques del escualo también son descritos a detalle, convirtiendo esas escenas en momentos de alta tensión para el lector y que no decepcionan durante la lectura. El tono y el suspenso también están muy bien logrados, destacando sobre todo una escena en la que, a causa de la prensa, un muchacho es casi devorado por el gigantesco tiburón blanco. Las escenas de cacería en el Orca, a pesar de la degeneración en la relación de los tres protagonistas también son un punto alto de la narrativa, y el punto de vista de Brody nos muestra adecuadamente las reacciones adecuadas ante los sucesos que Benchley describe para nosotros.

Se puede decir sin problema que Jaws es un libro bastante recomendable a pesar de los puntos mencionados y sin duda vale la pena buscarlo para leerlo al menos una vez, esto a pesar de haber visto ya la película.

La película fue un éxito.

Adaptaciones.

La novela está disponible como un audiobook en inglés y puede ser conseguido en Amazon, en donde tiene buenas críticas.

En cuanto a la adaptación cinematográfica de esta novela, estrenada en 1975, queda claro que no necesita presentación y se podría escribir mucho sobre la misma, puesto que la historia de su proceso de filmación es muy interesante por sí sola, y se puede hablar no sólo de la película, sino del impacto cultural y en el cine que tuvo, y sigue teniendo, Jaws y de hecho, ese será el tema de la próxima columna…

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