lunes, 6 de abril de 2015

Pedro Fernández y el Cine de horror Mexicano. Parte 1 de 4: (Sin) Pánico en la montaña.



"Nadie se dará cuenta que copiamos la tipografía que usaron en Indiana Jones..."
©Casablanca Producciones/Televisa

A finales de la década de los 80’s y principios de los 90’s el actor José Martín Cuevas Cobos, mejor conocido como Pedrito Pedro Fernández protagonizó con mayor o menor éxito una serie de cuatro películas de terror que hoy en día cuentan con cierto peso en el cine de culto nacional; a pesar de que estas cintas son consideradas como lo que coloquialmente en México llamamos “churros” para referirnos a una película muy mala, cada una de ellas tiene ciertos aspectos interesantes y así encontramos por ejemplo que Vacaciones de Terror tiene elementos típicos de película de casa embrujada mientras que la secuela, obviamente titulada Vacaciones de Terror 2, se decide a mostrar aspectos del cine de criaturas sobrenaturales presentado en cintas como Pumpkinhead o la momia. La tercera película de horror de Fernández, Trampa Infernal, nos muestra ingredientes de cine slasher calcados de cintas como Halloween o Viernes 13. La cuarta, titulada Pánico en la Montaña, (de la cual nos ocuparemos en este artículo) termina siendo más un episodio de Las Aventuras de Scooby doo que una película de terror, aunque es muy posible que ese haya sido su objetivo...

Producida en 1988 por Casa Blanca Producciones y estrenada el año siguiente, Pánico en la Montaña está protagonizada por Pedro Fernández, Adalberto Martínez “Resortes” Resortín de la Resortera, y la actriz María Rebeca, que se reunía con Pedro Fernández luego de protagonizar con él, diez años antes, otra película de culto Mexicana titulada La niña de la mochila azul

En la película esta escena dura sólo segundos.
©Casablanca Producciones/Televisa
El reparto es en teoría sólido, con un comediante experimentado y de talento comprobado, dando apoyo a uno de los ídolos juveniles del momento pero el horrible guion, el bajo presupuesto y la pobre dirección de la cinta terminan por convertir esta película en un intento bastante limitado de crear una película de terror.

La idea en la que se basa la película, debemos admitirlo, no es mala ya que aprovecha las muchas leyendas rurales que se pueden encontrar en el país, y con un mejor trabajo detrás de las cámaras y mayores recursos, quizás podría haber dado mejores resultados.

La historia nos relata las aventuras del “Profesor” Beto (Resortes) y su sobrino Pedro (Pedro Fernández), ambos fundadores y únicos miembros del Sindicato Único de Buscadores de Tesoros, mientras intentan encontrar la Mina Dos Estrellas, ubicada cerca de un pequeño poblado en Michoacán y que se supone está embrujada. El interés de los héroes en esta mina se debe al rumor que indica que allí está el mítico “Tesoro de Teodoro” el cual consiste mayoritariamente en, pues, oro. 

Durante la investigación de los túneles Rebeca (María Rebeca), se une al dúo de aventureros y comienza a ayudarles, siendo gracias a ella que los dos cazadores de tesoros encuentran un valioso cuchillo ornado con piedras preciosas pero desafortunadamente para ellos, el sacar la daga de entre las piedras permite que Teodoro, el guardián espectral del oro oculto en la Mina Dos Estrellas, escape de su tumba dispuesto a eliminar a los intrusos, lo que sumado a cierto ermitaño un poco loco que vive en la región y que planea matar a Beto y su sobrino para quedarse con el valioso metal, sólo logra multiplicar los problemas que enfrentan nuestros tres héroes.


"Así es, Pedrito, yo sólo estoy aquí por el cheque."
©Casablanca Producciones/Televisa
Si bien es cierto que la película en sí es un desastre, también lo es que tiene algunos puntos fuertes que vale la pena mencionar. Destaca por ejemplo, el trabajo de fotografía realizado por Xavier Cruz y las actuaciones de Resortes y Pedro Fernández. De hecho, a pesar de que en momentos las payasadas de Adalberto Martínez pueden resultar algo cansonas, el veterano comediante demuestra que aún tenía el tino cómico que le permitió convertirse en uno de los grandes de la época de oro del cine Mexicano. En cuanto a Pedro Fernández, se le reconoce que a pesar del limitado material, logra elevar su interpretación de modo que su participación no es una completa tragedia. Algunas locaciones, tomas de cámara y efectos de iluminación, por otra parte, logran crear unas cuantas secuencias de suspenso que si bien no se consolidan debido a que son interrumpidas por algún chiste de Resortes o por un corte brusco a una locación aparte, si muestran el deseo de intentar asustar al público.

Al final, Pánico en la Montaña no pasa de ser un producto olvidable, y a pesar de pertenecer al género de comedia de horror que ha estado siempre presente en el cine nacional con películas como La nave de los monstruos (Piporro, 1960), Capulina contra los Monstruos (Capulina, 1974), El Camino de los Espantos (Viruta y Capulina, 1967), El Miedo no anda en burro (La India María, 1976) o Chabelo y Pepito contra los Monstruos (Chabelo, 1973) no llega a estar al nivel de éstas en ninguna manera.

A pesar de lo anterior y todas sus deficiencias, Pánico en la Montaña, puede llegar a ser ligeramente disfrutable si se le mira como una curiosidad para pasar el rato o como una cinta de cine de culto nacional del tipo comúnmente conocido como “es tan mala que es buena.” 

Calificación: 1/10

Para la próxima columna continuaremos hablando de la tetralogía de terror protagonizada por Pedro Fernández con un vistazo a la cinta Trampa Infernal.

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