lunes, 1 de septiembre de 2014

Moby Dick (1956)

©Warner Brothers
Moby Dick es sin duda una de las novelas más importantes que se han escrito y tiene un lugar digno y ciertamente bien ganado en la historia de la literatura universal gracias a su impecable atención al detalle y personajes que se han convertido en legendarios. El que la novela de Herman Melville haya sido inicialmente un fracaso comercial y que sólo ascendiera a su merecido sitio como un titán literario hasta después de la muerte de su autor sólo demuestra que su innegable calidad siempre estuvo allí y que estuvo muy adelantada a su época.

Era inevitable  entonces que la historia de la ballena blanca saltara al cine tarde o temprano, y lo hizo por primera vez en 1926, con una película muda titulada “The Sea Beast” y otra posterior, ya con sonido, en 1930. Pero no fue hasta 1956, treinta años después de “The Sea Beast” que el director John Hudson realizó su propia versión de la novela, y es sobre la cual que hablaremos en esta columna.

©Warner Brothers
Estelarizada por Gregory Peck como el Capitán Ahab, Richard Basehat como Ismael y Leo Genn como Starbuck, la película es más un escalofriante y sombrío drama marítimo que muestra cómo el odio y la venganza pudren a un hombre que en algún momento pudo ser valioso y no una película de aventuras, aunque eso no significa que no haya secuencias de acción en el filme; de hecho, los momentos en que la tripulación del Pequod, el barco ballenero de Ahab salen a cazar ballenas son aún bastante impresionantes y están muy bien logrados, y el clímax de la cinta es particularmente espectacular, lo que demuestra el sólido trabajo de Hudson en la silla del director.

El guión fue realizado por Ray Bradbury, quien trabajó junto a John Hudson para lograr una adaptación que a pesar de algunos cambios, es bastante fiel al material original. La cinematografía del aclamado Oswald Morris (Un cuento de Navidad/Scrooge de 1970 y El Cristal Encantado/The DarkCrystal de 1982 entre muchas otras), es simplemente perfecta; Morris le da a los momentos finales del filme una cualidad especial que complementa la decadencia de Ahab y la sombría historia de un modo perfecto. 

La música estuvo a cargo de Phillip Sainton, compositor inglés que hasta ese momento había trabajado con la Orquesta Filarmónica de la BBC y su experiencia con temas clásicos le permitió dotar a Moby Dick de una identidad musical que logra intensificar por igual el drama y la aventura, y es gracias a la música que la lúgubre conclusión de la historia alcanza niveles memorables.

Gregory Peck como Ahab
Gregory Peck comentó en alguna ocasión que no estaba completamente satisfecho con su interpretación de Ahab, lo cual es un poco extraño ya que su actuación como el obsesionado Capitán es simplemente magistral y permanece hasta el día de hoy como la versión definitiva del personaje en la pantalla. Peck logra imprimirle al desgraciado Ahab un aura de peligrosidad y furia contenida que se eleva conforme transcurre la cinta hasta llegar a explosión en la que el Capitán es consumido por un deseo de venganza que indudablemente ha llegado a la locura completa, en la cual no le importa sacrificar su vida ni la de su tripulación con tal de conseguir su objetivo.

Un actor de menor rango y habilidad no habría podido lograr lo que Peck consiguió con el papel de Ahab, y que se haya mostrado inconforme con su trabajo habla de lo mucho que se exigía al interpretar a sus personajes.

Leo Genn como Starbuck
Otro actor que destaca en la película es indudablemente el veterano de la Segunda Guerra Mundial Leo Genn (llegó a ser Teniente Coronel del ejército Británico), quien interpreta al timonel Starbuck, segundo al mando del Pequod. Genn, un actor fogueado en el teatro, logra que Starbuck sea creíble como la voz de la razón en el ballenero y, cuando al final se contagia de la misma locura que consumió a su capitán, Genn realiza la transición de un modo preciso dándole a la escena que sella el fatídico destino de la tripulación del Pequod el nivel de tragedia necesario.

En cuanto a los efectos especiales utilizados para crear a la titánica ballena blanca, éstos son sin duda arcaicos y nada comparables a lo que tenemos en la actualidad pero a pesar de ello me parece que todavía son efectivos; en particular porque los efectos visuales no son la base de la película, sino que sólo son un elemento más que complementa la historia y las actuaciones del elenco, algo que no sucede con muchas producciones de hoy en las que los efectos importan más que cualquier otra cosa.

Una cinta de gran calidad por donde se le mire, Moby Dick de John Hudson se mantiene hoy, a casi sesenta años de su estreno, como la versión definitiva que se ha filmado de la novela de Herman Melville, ganándose sin problemas el derecho a ser considerado un verdadero clásico del cine.

Calificación 9/10


Referencias:

En caso de que quieran leer la novela original, es posible encontrarla aquí:
http://www.librosdearena.es/Biblioteca_pdf/Melville_Herman_Moby%20Dick_Ed%20perdidas_ilustraciones%20Fernando%20Gallego_jul2010.pdf

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