miércoles, 3 de septiembre de 2014

Las 2 sorprendentes razones por las que los alimentos procesados son adictivos

Es un hecho que la comida chatarra no es buena para la salud, así como también lo es el que la mayoría de nosotros sabemos que consumir este tipo de alimentos puede subir nuestro peso, nuestros niveles de azúcar, triglicéridos y colesterol. Y sin embargo, no dudamos en consumirlos ya sea por nuestra cuenta o de manera social, e incluso para muchos es imposible concebir una fiesta o reunión con los amigos sin tener a la mano refrescos, papas fritas o tal vez incluso algún tipo de pastelitos o galletas.

La razón por la que no pensamos dos veces antes de consumir comida chatarra (e incluso algunos productos marcados como saludables pero que por sus ingredientes no lo son) es también conocida por muchos de nosotros aunque no le prestemos atención: son alimentos que resultan adictivos, aunque nunca lo tomamos en cuenta gracias al hábil trabajo que las empresas productoras de este tipo de alimentos realizan en sus campañas publicitarias.

Debido a esto, me pareció interesante hablar un poco sobre detalles que ignoramos acerca de la industria de alimentos procesados.
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©Getty
1. Las compañías de alimentos usan sal, grasa y azúcar para volver adicto al consumidor.

El cuerpo humano puede desarrollar dependencia a otros elementos además de las drogas, y estas son sustancias tan inocentes como la sal y el azúcar. Esto es algo que las empresas de alimentos saben y lo han logrado mediante extensos procesos de investigación realizados por equipos de científicos en sus laboratorios. El ingrediente básico en este cóctel adictivo es la sal, lo cual se debe a que produce un aumento momentáneo en el sabor y a que agrega un elemento crujiente (por ejemplo a las frituras) pero además, la sal hace que el azúcar sea más dulce al paladar. Una compañía incrementa la efectividad de la sal utilizando la sal del tipo Kosher, que es una sal de grano grueso que se disuelve más rápido en el paladar.

En cuanto al azúcar, la adicción tiene que ver con el hecho de que nuestro cuerpo está programado para buscar alimentos dulces, ya que nuestro organismo puede usarlos para obtener la energía necesaria para funcionar correctamente con facilidad. Al igual que con la sal, as empresas de alimentos procesados están bastante conscientes de este detalle y lo utilizan a su favor como una práctica común. Cualquier compañía de esta industria usará toda la azúcar (o químicos que nuestro cuerpo considera como azúcares) que le sea posible agregar a sus productos ya sea para lograr que se vean mejor o modificar el sabor lo más posible. 

©Getty
Ejemplos de esto es cómo los cereales se ven tostados porque en realidad se bañan de azúcar para glasearlos y así lograr esa apariencia crujiente, o la manera en que los pastelitos de producción industrial (elaborados por Bimbo y otras empresas similares) usan almidón, que el cuerpo considera como un tipo de glucosa, para complementar el azúcar que ya se incluye en estos panes, y la industria ha gastado millones para encontrar el punto preciso en que la azúcar se vuelve adictiva sin causarle sospechas al consumidor.

Pero si la sal y el azúcar son adictivos, la grasa lo es todavía más. Y sí, las empresas también saben esto. Lo peligroso de la grasa es que hay muchos, muchos tipos que pueden ser agregados a los alimentos, que estas actúan como conservadores, modifican el sabor y son lo bastante versátiles para cambiar la textura (cremoso para los quesos, o jugoso y crujiente en pollo frito y hamburguesas de franquicia) del producto. Además, nuestro organismo tiene una mayor inclinación a consumir grasas que azúcares debido a que la grasa nos da un doble de la energía que se puede obtener del azúcar, razón por la que entre más grasa se agregue a un producto, más atractivo será para el consumidor.
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©Womanvoice
2. El efecto es similar a consumir cocaína y otras drogas “duras”.

La mezcla de azúcar, sal y grasas provocan que el cuerpo libere opiáceos, los cuales actúan de manera parecida a la morfina en nuestro organismo. Debemos notar que la morfina tiene entre sus efectos secundarios, el anular la capacidad del cerebro para controlar la necesidad de consumir sustancias como la heroína… o de consumir alimentos altos en grasa, sal y azúcar. 

Otro detalle interesante es que en una investigación en la que se monitoreó el cerebro de un adicto a la cocaína al que se le mostraron videos de otras personas aspirando la droga demostró que ante las imágenes, el cerebro del voluntario liberaba dopamina, el químico responsable de causar placer. 

El experimento se repitió mostrándole a un adulto sano videos de comida chatarra y se descubrió que esas imágenes también provocaron que el cerebro liberara la misma dosis de dopamina en las mismas áreas del cerebro. Esto quiere decir que años de consumir alimentos procesados con altos niveles de grasas, sal y azúcares causan en nuestro cerebro la misma reacción que provoca una droga fuerte como lo es la cocaína.
©Dr. Oz 
Izq. Producción de dopamina en el cerebro de un adicto a la cocaína al mirar
videos de gente consumiendo la droga.
Der. Producción de dopamina en el cerebro de un adulto no adicto a las drogas
al mirar videos de comida chatarra.
Para explicar con más detalle el proceso que causa adicción podemos usar el alimento procesado disponible en el mercado que provoca más obesidad: la papa frita, ya que esta contiene los niveles precisos de azúcares, sal y grasa para ser completamente adictiva. La forma en que una bolsa de papas fritas afecta el organismo es útil para ilustrar este proceso ya que es el mismo que, en niveles más altos o bajos, tienen el resto de los alimentos chatarras.

Veamos entonces cómo funciona esto. Al ser elaboradas, las papas son partidas en rebanadas lo más delgadas posibles y fritas en aceite hasta que están crujientes, es aquí cuando las papas absorben grasas y obtienen su mayor contenido calórico; posteriormente se bañan en sal, lo que garantiza que causarán un incremento de sabor momentáneo al hacer contacto con el paladar. Lo interesante comienza una vez que son consumidas, pues los carbohidratos en las papas son asimilados por el cuerpo como si fueran azúcares, provocando una sensación de satisfacción en el organismo. Los azucares entonces entrarán al torrente sanguíneo, haciendo que los niveles de azúcar en la sangre se eleven aún más que si hubiéramos consumido una cantidad similar o mayor de azúcar de mesa. De acuerdo a la investigación, como la papa frita tiene poca sustancia éstas no provocan que el estómago se sienta lleno y, aunado a los efectos que causan sus elementos en el organismo, provocan que el cuerpo sienta la necesidad de consumir más, lo que desemboca en adicción o en otras palabras, en que “no puedas comer sólo una”.

©Getty
Según el estudio, esta imagen hará que tu cerebro libere Dopamina.
Como detalle extra, una lata de refresco, digamos Coca Cola, provoca la misma reacción que una bolsa de papas fritas, con la diferencia que las dosis de azúcar y otros opiáceos que incluye cualquier refresco son mayores.
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Considerando lo que hemos visto, la pregunta entonces es:

¿Qué podemos hacer como consumidores para disminuir los riesgos de adicción a comida chatarra y alimentos procesados?

Disminuir su consumo es un comienzo, aunque es algo bastante complicado de lograr si se intenta hacerlo de forma abrupta. Poner atención a la lista de ingredientes en las etiquetas de estos productos es algo esencial, y vigilar los contenidos de sodio, conservadores, grasas, carbohidratos y azúcares, así como del contenido calórico de los mismos es otra estrategia que nos permitirá determinar si un alimento puede provocarnos algún problema. Finalmente, substituir poco a poco la comida chatarra con bocadillos saludables realizados en casa a partir de alimentos no procesados tales como fruta picada o verduras rebanadas bañadas en jugo de limón, es la mejor opción para combatir este problema.

Referencias:
http://www.nytimes.com/2013/02/24/magazine/the-extraordinary-science-of-junk-food.html?pagewanted=all&_r=2&

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